miércoles, 19 de noviembre de 2025
Ecos de la Antigua Amargura
Detalle Hotel Sevilla
“Calle Duvergé a Medianoche: Ecos de la Antigua Amargura”
Esta serie fotográfica captura la esencia nocturna de una de las calles más enigmáticas de Santiago: la antigua Calle de la Amargura, hoy conocida como Calle Duvergé. Caminé esta calle en plena medianoche, en total soledad, acompañado solo por mis pasos, el silencio, la brisa fría y el eco de la historia. Mientras avanzaba, tomé fotografías en blanco y negro para capturar la atmósfera real del lugar: sus esquinas vacías, sus sombras estiradas y esa energía extraña que aún parece vivir entre sus paredes.
Una parte
Entre sombras quietas y silencios largos, la calle revela un rostro que solo existe cuando la ciudad duerme. Las luces lejanas, los portales oscuros y los muros desgastados se transforman a medianoche en un escenario donde la historia respira y los pasos parecen resonar más fuerte que nunca.
El final de la Duvergé
El antiguo Cementerio
Las fotografías, tomadas en completo silencio y en la soledad de la madrugada, buscan congelar ese instante donde el barrio se vuelve casi espectral. El blanco y negro acentúa la textura del tiempo, el vacío de las esquinas y la delicada tensión entre lo real y lo imaginado.
Al fondo
Más atrás
Entre 30 de marzo
Esta exposición es un recorrido por la Duvergé nocturna: una calle que ha cambiado de nombre, pero no de alma; una calle donde el pasado deja huellas que aún hojean en la oscuridad; una calle donde, a veces, uno siente que las sombras también caminan.
Parado
Pared del tiempo
El letrero
La casa de Dios
La tenebrosidad
Antiguo recorrido
Vida de calzada
La mansión
Aquí dormía
La pared
Parte del hotel
Allá arriba
La complicidad
A rodar el tiempo
Galerías
La ancestral galería
lunes, 17 de noviembre de 2025
El Canal Víctor
Canal Víctor
Un viaje en bicicleta al corazón rural de Santiago
Hay rutas que no solo se recorren: se viven. Mi trayecto en bicicleta hacia La Canela, Batey Uno y Los Almácigos es uno de esos caminos donde la ciudad se queda atrás y empieza un mundo que respira al ritmo del campo. Cada pedaleo abre una ventana distinta: un colmado solitario que marca el borde urbano, una brisa distinta que anuncia los arrozales, el olor húmedo de la tierra que se prepara para sembrar. Es un trayecto corto en distancia, pero profundo en sensaciones.
Al avanzar hacia La Canela, la carretera se vuelve más estrecha y el paisaje más ancho. La gente saluda desde los portones, los niños juegan descalzos, y las motocicletas cargadas con sacos de arroz o racimos de plátanos cruzan como flechas. Es un recordatorio vivo de que aquí, cada día depende del sol, del agua y del trabajo de las manos.
El canal en la comunidad
El Canal Víctor: una arteria discreta pero vital
Entre estos caminos surge un compañero silencioso: el Canal Víctor, un canal más modesto que el famoso Bogaert, pero igual de importante para quienes trabajan estas tierras. Nace cerca de una ramificación del río Yaque del Norte, y desde ahí serpentea hacia el interior de La Canela como un brazo del río que decidió acompañar a los agricultores.
El Víctor no busca protagonismo. No aparece en mapas oficiales, no tiene placas, ni historia escrita. Pero existe en la memoria local: en los surcos húmedos de la tierra, en las compuertas improvisadas, en el murmullo del agua donde se refrescan pájaros y resbalan hojas de bambú. Su flujo es estable, constante, como si conociera la importancia de su misión. Lleva el agua justo hacia donde hace falta: a las fincas, a los arrozales, a los rincones donde la tierra espera la semilla.
Los Bambúes
El corredor de bambúes y los caminos de finca
Una de las zonas más mágicas del recorrido es el tramo donde el canal se adentra en un túnel verde de bambúes. El aire se vuelve fresco incluso a plena tarde, y la luz cae filtrada entre las varas altas que chocan suavemente unas con otras cuando sopla el viento.
Este corredor natural no es solo un placer visual: es un refugio ecológico.
Aquí viven: aves pequeñas que anidan en los bambúes, ranas que cantan al borde del agua, insectos nocturnos que dan vida al paisaje sonoro, plantas silvestres que crecen donde la humedad se acumula.
Yautía silvestre
Camino en los Bambúes
Los caminos de finca que acompañan el canal muestran la interacción profunda entre naturaleza y trabajo humano. Son rutas de motores, mulos, bicicletas, vecinos que cruzan para ver sus siembras o llevar alimento a los animales. Son las venas secundarias de un territorio vivo.
Arrozales y llanuras: agua que se convierte en trabajo
Cuando el Canal Víctor se acerca a su destino final, la tierra se abre en extensiones amplias: los arrozales. Aquí la utilidad del canal se vuelve evidente. El agua que comenzó como una pequeña desviación del Yaque termina regando hectáreas que dependen de ella para existir.
Areas de rebozada
El agua del Víctor, canalizada por acequias, drenajes y pequeños diques, alimenta cada cuadro del campo. Lo que empieza como un brillo marrón en el canal termina convertido en verde vibrante, y luego en espigas doradas listas para cosechar. Es una cadena silenciosa, perfecta en su función: río → canal → finca → arroz → vida.
Pequeños canales
Animales libres
El Diego de Ocampo de fondo
Vasta llanura
Un canal pequeño con un significado grande
El Canal Víctor no es una obra monumental ni un punto turístico. Pero representa algo valioso: cómo la naturaleza, el trabajo humano y la historia no escrita se entrelazan para sostener una comunidad completa.
Arrozales rebozados
Arrozales
En bicicleta, recorrer su trayecto es recorrer un sistema vivo, donde cada metro tiene un propósito. Los bambúes, los arrozales, los caminos de tierra, la gente que pasa, el sonido del agua… todo forma un paisaje que pocos conocen, pero que alimenta a muchos. Es un recordatorio de que Santiago no es solo ciudad; es también campo, río, canal y vida rural. Y dentro de esa geografía íntima, el Canal Víctor fluye como un testigo humilde, necesario y eterno.
Mucha agua
Tierra baldía
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